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Corrales de Pesca: el patrimonio invisible del Reloncaví

Actualizado: 11 nov 2021

Por: Carlos Leiva Ruiz


Vivo sigue en mi memoria, el recuerdo de mi vecino Bauche bajando corriendo la colina junto al mar donde habitaba. Yo tenía 6 años y muchas cosas del mundo aún me eran difusas, sentí que había ocurrido un accidente y expectante esperé las noticias de lo acontecido. Minutos después, Bauche, con una gran sonrisa en sus labios, apareció con un suculento salmón de un tamaño nada despreciable entre sus manos.


Corral de pesca en Isla Maillen

Había ocurrido que Bauche, como cada miembro de su familia, durante generaciones, al salir de casa instintivamente dirigió sus ojos hacia el corral de pesca familiar, distinguió un pez atrapado y corrió para capturarlo antes que algún perro u otro animal lo cazara primero.


Un corral de pesca es un muro de piedra, algunos agregaban varas, arbustos y/o tejidos de mimbre, que se construyen a modo de “represa” en depresiones de la playa, y que según registros arqueológicos (Borlando, 2018), actúa como trampa para peces ya que, al quedar sumergido durante las mareas altas, impiden la huida de estos cuando se inicia la bajamar.


Probablemente estos corrales de pesca eran usados por los canoeros de estas costas, culturas que ya navegaban por el Reloncaví hace 6.000 años atrás, y que hacen que sean de esas raras tecnologías que han acompañado a la humanidad en gran parte de su andar y que aún se encuentran vigentes, tales como la rueda y la escritura.


Corral de pesca en Lenca

Para ilustrar la actualidad de esta tecnología, relato un hecho ocurrido hace un par de años: a principios de marzo del 2020 se advirtió en la prensa [CLR1] sobre los peligros de consumir jurel de isla Maillen producto de una “varazón”, enunciaban que su consumo podría ser peligroso, nunca se publicaron los resultados de los exámenes, pero entrevistando a los pescadores del sector, tuve acceso a las fotografías que los pescadores tomaron del cardumen varado, las fotografías mostraban peces varados sólo dentro de un par de corrales aún bien mantenidos al costado sur de la isla, y a los pescadores alegres y raudos, junto a sus familias, faenando estos frutos de mar[1].


En término de ecosistemas, los corrales de pesca brindan un refugio para diversas especies, protegen un sector de la playa de las corrientes marinas, provocando la acumulación de arena y con esto el establecimiento de moluscos y crustáceos, y estos atraen a su vez peces cuando el corral está inundado, y a gaviotas y guairavos cuando están secos.


Corral de pesca en Isla Maillen

La construcción y mantención de estos corrales requiere mucho tiempo y esfuerzo, en una labor que requiere necesariamente una coordinación comunitaria. En la actualidad encontramos corrales activos, los que están asociado a familias que se preocupan de mantenerlos.


Es notable que esta tecnología se haya transmitido de los canoeros de todo el sur chileno, primero a los huilliches y luego a los españoles, siendo paulatinamente abandonada, en la medida que las fuentes de alimentación se han diversificado y la modernidad reclama nuestro valioso tiempo para “labores productivas”.

[1] En la misma nota se enuncia que probablemente orcas y toninas podrían haber lanzado al cardumen a la costa.


Borlando, I. (2018). Corrales de pesca en Bahía Lenca. Puerto Montt, Julio 2018.

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