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Reflexiones etnográficas sobre patrimonio alimentario: feria campesina del Mercado Presidente Ibáñez


Por José Barriga Parra [2]

Puerto Montt, Otoño 2022


Más de alguna vez he comparado los mercados locales con fluctuaciones de mareas, esas que ocurren en el Seno del Reloncaví y que todavía me sorprenden cuando viajo desde Piedra Azul. Al igual que los intermareales, los mercados tienen tiempos, por lo que dependiendo de las épocas del año nos regalan colores, sabores y texturas alimentarias que recrean relaciones socio-ecológicas comunes.


Cúpula Mercado Presidente Ibañez

Los últimos años no han sido fáciles para quienes transitan el Mercado Presidente Ibáñez, ya que diversos problemas han tensionado -aún más- algunos lugares de Puerto Montt, Calbuco, Cochamó y Hualaihué. También Maullín, Los Muermos o Fresia. “Se acabaron las frutillas y todavía no llega nadie a ver el problema que tengo con el agua”, me comenta un productor campesino de Calbuco que participa en programas de Indap. Recuerdo nuestra conversación sobre su problema de riego, pienso en lo caluroso que estaba aquel día en Chuyehua y lo difícil que ha sido el resguardo del patrimonio alimentario del Reloncaví en un contexto de crisis climática.


Reconocer desafíos y articular acciones que favorezcan a quienes trabajan en rubros agromarino alimentarios es la invitación urgente de estas reflexiones etnográficas. Diversas instituciones gubernamentales, universidades, organizaciones de la sociedad civil y personas comunes, precisan buscar alternativas que recreen nuevas relaciones y nos involucren activamente a experiencias alimentarias propias del territorio.


Sábado, 07:00 de la mañana [1]

Camino rumbo al Mercado. Me acomodo la bolsa de compras esperando me acompañe sin imprevistos durante el día. Atravieso las calles cercanas, primero “Los Lirios” y después “Los Copihues”. Es temprano, el silencio comparte espacios con el vapor de quienes toman desayuno a base de pan y café.


Comerciantes ubican mitades de boyas de miticultura en la vereda, inician la descarga de mallas de cholgas y choritos. Mujeres feriantes comienzan a sacar su mercadería en pequeñas cajas de cartón, las que en ciertas estaciones del año nos permite recordar que en la cordillera de la costa se mantiene vigente la recolección de productos forestales no maderables. Llega la mosqueta, murtas, changles y chupones. En otras épocas también acompañan nalcas y pinatras.


¡De Osorno!, me señalan. Aunque conversando cuentan que algunos de esos productos se los traen de San Juan de la Costa.


Entro a calle Presidente Ibáñez, cruzo a la entrada del Mercado y voy directamente a “La Feria Campesina”, la cual desde verano del 2022 se ubica a un costado, en un área destinada originalmente para estacionamiento.


Feria campesina Mercado Presidente Ibañez

Aunque no llueve, algunos locatarios tienen levantados sus toldos azules. Servirán para el sol de media mañana, también para recordar momentos de trabajo feriante en los meses que la pandemia, los permisos colectivos y la Municipalidad de Puerto Montt obligaron a dejar sus puestos ubicados en la cúpula al final del Mercado.


Camino lentamente entre la gente, moviendo mi cuerpo para no chocar con quienes miran los canastos con manzana-limona y manzana-plátano, las prietas caseras o el luche “curanteao”.


-¿Curanteao?, escucho preguntar a un visitante.


“Lo seco, lo coloco en ollita dentro de la estufa y lo cocino”, relata una feriante de productos del mar, sobre el método de conservación de alimentos mediante cocimiento y ahumado. Unos puestos más allá veo a dos mujeres vendiendo mariscos. Mientras una de ellas entrega bolsas desechables con choritos, la otra aprovecha de limpiar y envasar piure directamente de su roca.


-¿De dónde vienen?, le pregunto a una de ellas.

-¡De Puluqui caserito!



Calbuco: días antes de la visita al Mercado

Escucho gaviotas, pilpilenes y zarapitos en el intermareal de Estero Chope en Isla Puluqui. Se encuentran dispersos en la playa algunos grupos de personas. En aparente soledad, algunas mujeres recolectoras de orilla -botas negras de goma fijadas a la arena, columna curva, mirada atenta en las piedras húmedas- van buscando almejas, cholgas y choritos con gualato en mano.


“La primera marea es con la luna, desde chico le enseñaron a uno” –explica Sonia mientras conversamos en la playa. Mujeres y adultos mayores mantienen la recolección de mariscos para su alimentación diaria, así como para los curantos que reciben a visitas y familiares en fines de semana.


-¿No va a vender a Puerto Montt?, le pregunto.


Mientras sigue removiendo piedras y arena me cuenta que al igual que en Calbuco –refiriéndose a sectores como Chuyehua o San Antonio- sus antepasados iban en bote a remo a Angelmó, pero ahora son pocas personas las que se dedican a esa actividad.


-¿Por qué ya no van?, insisto en preguntar.


Detiene su trabajo, endereza su columna y me dice: “¿ves a esas personas que están allá?” –Señalando a un grupo familiar que también estaba recolectando-, “ellas son de Máchil y tienen familiares que vienen por el día a mariscar, llenan sus baldes y se van al otro día a vender”. Me cuenta que no son muchas familias las que realizan esa actividad y expone diversas razones por las que eso ocurre: jóvenes prefieren trabajar en Calbuco; mariscos han disminuido por contaminación acuícola; el precio no es tan bueno para poder vender.


Rampa de embarcadero Calbuco

Recuerdo los horarios del “ferry” de regreso al continente. Nos despedimos y Sonia continúa con sus trabajos: “no me voy a quedar mucho rato más tampoco, tengo que ir a cocinar los mariscos”.


Humedal costero en Isla Puluqui. Fotografía Jorge Gallardo

En la barcaza encuentro un camión con cholgas, el que seguramente viene de algún centro de cultivo de la isla [4]. El ensordecedor sonido del motor naviero acopla el paisaje sonoro, resuenan en mi mente conversaciones con feriantes y comerciantes establecidos del Mercado Presidente Ibáñez, donde al preguntar por la trazabilidad de venta de mariscos “íconos”-choros, choritos y almejas- mencionaban que en la semana el Mercado se abastece con acuicultura del Reloncaví y la región de Los Lagos.


Al parecer, solo los días sábado llegan mariscos de recolección.


Sábado en la mañana: continúo en la Feria

Comerciantes de otros lugares de Puerto Montt – Alerce sur o 22 de mayo, por nombrar algunos sectores- terminan de comprar los productos que ofrecerán a clientes-vecinos en sus barrios. Antes de que dejen vacíos algunos puestos, busco la grabadora y empiezo a nombrar la diversidad agromarino alimentaria del Mercado:


-Chicha de manzana, mella y pan de papas.

-Masa de milcaos, también preparados fritos y al horno.

-Perejil, ajo “chilote”, hojas de espinacas, porotos, arvejas, bolsas con habas.

-Huevos de gallina, pollo y pato fresco.

-Carne ahumada, cuero y manteca de cerdo.

-Bandejas de pulpos cocidos, centollas, caracol negro.

-Caracol Palo Palo, navajuelas cocidas y picorocos vivos.

-Leche de vaca y queso fresco.

-Tomate cherry, physalis y cilantro.


Junto al inventario alimentario se reconocen otros matices del paisaje del mercado: sonidos de bolsas, conversaciones sobre los precios, recetas para preparar productos y planes al regresar a casa.


Fotografía 1: puesto de Mirza en el mercado. Fotografía 2: cuero de chancho. Fotografía 3: caracol negro de mar. Fotografía 4: papas nativas y hortalizas de agricultura familiar campesina



Me detengo en el puesto de Mirza. Miro con interés sus tres columnas de mariscos cocidos.


-¿y ese surtido, qué tiene?, le pregunto.


“Tiene cholgas, choritos, almejas, lapa, piure, tumbao y culengue”, expresa rápidamente mientras me muestra con su mano un puñado de estos mariscos.

Al igual que otras personas que llegan a la Feria, reconoce su historia familiar asociada al mar. Recuerda que iba a mariscar cuando pequeña, que su padre trabajó en la pesca artesanal y que su madre realizaba preparaciones gastronómicas con estos productos. Ella compra a mariscadores en Calbuco. Algunas veces viene listo, y en otros momentos compra el chorito o la navajuela en concha. En esas ocasiones tiene que cocer, desconchar y armar su surtido.


-“Chaitún, ese es el nombre original”, expresa lentamente

.

Una de las características del Chaitún es que se elabora de mariscos recolectados en la zona intermareal y presenta alta diversidad de especies que no son habitualmente comercializadas (Saavedra, Torrijos, Díaz y Flores, 2022).


-“Seis mil quinientos el kilo”, responde a un comprador.



Últimas reflexiones en el Mercado

Empiezo mi retorno a casa. Levanto la mirada de la bolsa de compras y veo que un poco más allá está Lorena, productora de papas nativas del sector San Antonio en Calbuco.


-¿Qué papitas trajiste hoy?, le pregunto.

-“Tres colores, michuñe, cachitos, blancas, rojas con blanco, redondas negras, clavelas”. Son algunas de las papas nativas que cultiva en su predio.


Hoy vino con su tía, hermana de su madre y quien incentivó viajes fuera de Calbuco para vender sus hortalizas. Relatan que la movilidad insular de sus madres y abuelas fue parte de los requisitos para poder conseguir intercambiar sus productos: “…en esos años había mucha pobreza. Entonces ellos viajaban en lancha para ir a vender en Angelmó. Ellos viajaban una semana, 10 días a veces se demoraban sus viajes…".


Según Contreras, Luco y Ríos (2019) esta sería una de las razones que nos permitiría hablar de patrimonio alimentario del Reloncaví, puesto que comparten estas y otras historias con mujeres del maritorio, cuyas vicisitudes requerían de conseguir canales de comercialización asociados a productos con identidad territorial. Actualmente no realizan el viaje en lancha, tampoco van al antiguo espacio donde se ubicaban los productores de las islas del Reloncaví. Sin embargo, siguen innovando para mejorar sus vivencias cotidianas.


No es un ejercicio fácil. Claramente. Me cuentan que para poder asegurar un puesto en la feria deben salir de sus casas a las 5:00 am. Que en tiempos de pandemia ni si quiera sabían si iban a poder llegar a Puerto Montt, o si es que podían llegar nadie les aseguraba que la falta de permisos municipales impediría el funcionamiento de sus espacios de venta.


Camino en dirección a la salida del Mercado. Reflexiono sobre lo importante que puede ser que diversas instituciones gubernamentales –Municipalidades, Gobierno Regional e instituciones de áreas específicas- reconozcan las relaciones intercomunales que despliegan estos trabajos.


Se debe resguardar un espacio seguro, un lugar donde puedan vender sus productos sin el miedo a que las/os echen o les fiscalicen el volumen de producción que van a comercializar. Simplemente, reconocer su derecho a trabajar con pertinencia territorial los patrimonios alimentarios que constituyen la soberanía alimentaria del maritorio Reloncaví.



 

Notas al pie de página


1 Texto elaborado gracias al relato de feriantes, productoras, comerciantes y recolectoras que llenan de expresiones de patrimonio agromarino alimentario el Mercado Presidente Ibáñez. Debido a los acuerdos éticos de los consentimientos informados, los nombres han sido modificados para resguardar la identidad de quienes entregaron su relato. El trabajo de campo inició como consumidor de la feria, y durante el último semestre se ha enmarcado en el proyecto Fondecyt Regular n° 1211958: “Sistemas pesquero-artesanales y mercados costeros de lugar en Chile. Una investigación antropológica sobre la opacidad de la economía”.

2. ONG Alerce Andino. Docente Escuela de Arqueología, Universidad Austral de Chile.

3. Indap. (2021). Convenio INDAP-Comité Feria Mercado Campesino Parque La Paloma. Disponible en: https://www.indap.gob.cl/sites/default/files/2022-02/indap-los-lagos-comit%C3%A9-feria-mercado-campesino-parque-la-paloma-%2831-08-2021%29.pdf

4 Según Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, en Isla Puluqui existen 40 concesiones de miticultura.


Referencias Bibliográficas


Contreras, C., Luco, J. & Ríos, C. (2019). Patrimonio culinario: propuesta para una metodología de distinción patrimonial de las culinarias locales. En Revista Ciencia y Humanidades, vol. 8(8), pp. 163-179,


Saavedra, G., Torrijos, C., Díaz, A. & Flores, C. (2022). El Chaitún y su lugar en el sistema agromarino-alimentario del archipiélago de Calbuco, sur-austral de Chile. En Revista Austral de Ciencias Sociales, vol. 42, pp. 331-348.


*Texto en colaboración con línea culturas bordecosteras ONG Alerce Andino.
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